miércoles 12 de diciembre de 2007

7 de diciembre en Bogotá

Yo que no había durado tanto tiempo por fuera de mi casa y que nunca había estado en Bogotá, no sabía como se festejaban las fiestas de diciembre en esta ciudad.

Para empezar no ví demasiado entusiasmo en la gente, quizas porque esta ciudad es muy grande y es difícil ver ese entusiasmo en las personas que van a mil por hora.

Sin embargo el 7 de diciembre no lo pase con cachacos. Por eso digo que que chévere es tener familia costeña en esta ciudad.

Asistí al grado de una de mis tías y aunque todo empezo suave luego se animo la fiesta. Para concluir conjunto vallenato (que aunque los cachacos lo nieguen, les gusta parrandear a este ritmo). Sin duda alguna la pase muy bien. Sigo pensando en lo que viene: 24 de diciembre y 31 de diciembre. El 24 no me preocupa tanta ya que en mi familia nunca se le dió mucha trascendencia. Sin embargo, el 31 es otra cosa. Creo que no soportaría pasarlo aca.

sábado 1 de diciembre de 2007

Los cachacos son divertidísimos

No hay nada que me de más risa que un cachaco imitando un costeño. Y si uno como costeño quiere reirse de un cachaco solo debe hablar. Nada más con escucharle el acento a uno empiezan a soltar expresiones jocosas que intentan remedar el modo de hablar de nuestra región. Expresiones como "eche nojoda", "aja y tu que" y otras más que usamos coloquialmente se lanzan a diestra y siniestra en la presencia de un costeño. Y quieren entablar conversación con uno y dicen cosas como "Aja, y ahora tiene que coge bú".

Yo mientras tanto me seguire riendo.

martes 27 de noviembre de 2007

El transporte en Bogotá

Bueno, voy a contar más o menos la experiencia de montar en bus en Bogotá, vista por los ojos de un costeño que nuca había venido a la capital.
Resulta que cuando yo llegué me quede en un principio donde mi tía (hermana de mi mamá), y listo cheveré, por fin en la ciudad. Para llegar a mi trabajo era necesario tomar 2 buses... uno desde su casa en el barrio Primavera (cerca del San Andresito de la 38) hasta la oficina en Usaquén. No hubo problemas en eso (o mi memoria me falla y si hubo problemas). El problema fue para regresarme... por recomendación de mi tio político tome un taxi que tomo la ruta de la circunvalar (debido al contraflujo) cuando pudo haber tomado la 30 y ser más rápido y cobrarme menos... al final 18 mil pesos que me hicieron tomar la decisión de mudarme.
Afortunadamente Ramiro Palmiery me ofreció posada en su apartamento (en la calle 155, mucho más cerca que la casa de mi tía). Desde ahí solo era 1 buseta que pasaba justo detras del conjunto residencial (aunque me tomo tiempo darme cuenta de eso). De aquí empeze a notar cosas en los buses que me llamaron la atención (y perdonen los posibles cachacos que se burlaran de mi ignorancia):
  • Las mujeres se maquillan en el bus (supongo que para ahorrar tiempo en su casa, salir más temprano, etc.). Aun me pregunto como hacen si no logran sentarse durante todo el trayecto.
  • Muchas personas luego de que se baja la otra, prefieren esperar un momento antes de sentarse en la silla que van a ocupar (me hace acordar del mito de la gonorrea). Sigo preguntandome por que lo hacen y no les importa el material en que este hecho la silla para seguir con esta costumbre.
  • Los conductores de buseta llenan su vehículo (incluso más de lo que lo hacen los de Santa Marta) y a veces es una odisea el intentar salir de la buseta (banda sonora: Salsipuedes).
Luego de este me mude cerca de la oficina por lo que me ahorre el costo del transporte. Mi vivienda en un edificio en los cerros orientales era muy conveniente al irme al trabajo pero no al regresar (subir no es tan fácil como bajar). Por cuestiones laborales, ya no tenía que ir a trabajar a la oficina sino donde el cliente (ya no era desarrollador sino consultor) por lo que mi puesto de trabajo es ahora en la calle 26 y lo que implica que son 2 busetas para ir y 2 para regresar (las dos|de ida puede omitirse por una sola que demora 1 hora en llegar aprox.). El verdadero dilema de esto es montarse a una buseta repleta por la puerta de atras (cuando tienen) y cargando un maletin pesadísimo, que ocupa un sitió adicional en la buseta. Incluso en estas travesías parece que me robaron 10 mil pesos (los tenía al subirme pero no al bajarme).

Conclusión: El transporte en Bogotá es caótico, aislado y transmilenio no ha solucionado en nada esa situación y puede haberla empeorado (existen personas que han hecho el esfuerzo de comprar carro ante esta situación). Con razón el gancho de Samuel Moreno (el Metro, para el posible desinformado) haya sido exitoso ( si no contamos con las intervenciones de Alvarito en política que propulsaron a Samuel).

miércoles 14 de noviembre de 2007

No voy a olvidar mi tierra!

Bueno, ya van más de seis meses de estar en Bogotá, experimentando un nuevo ambiente, conociendo nuevas cosas y con historias para contar. Quizas debí haber empezado antes pero nunca es tarde para hacerlo.

Empiezo contando algo que me paso. Como todo "buen costeño" estaba escuchando vallenatos para amenizar mi trabajo, cuando de pronto una vieja que ni se quien es porque estaba hablando por el altavoz del teléfono dijo algo parecido a lo siguiente:
"Cuando uno va a otras partes, uno trata de cambiar y de adquirir lo mejor de una ciudad y abandona las corroncheras...".

A esa vieja no la mande a comer *****, porque no sabía quien era y porque no estaba en posición de hacer cosas como esa.

Pero yo me pregunto si ella algún día llega a ir a una ciudad yo que se, en Europa, se va a olvidar de su bogotá del alma??

La gente de Bogotá se cree tan culta y tan sofisticada que no se dan cuenta que el vallenato es cultura, representación de una idiosincracia y la única música autoctona colombiana que tiene circulación radial y comercial. Porque la salsa no es colombiana, ni el merengue, ni el rock y mucho menos el reggaeton (Gracias a Dios).
A la final solo me termine riendo pero no de lo que dijo sino de su ignorancia. Bien lo dice la frase, la ignorancia es atrevida.